Puig posa

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domingo, 24 de julio de 2011

STANISLAVSKI. METODO DE LAS ACCIONES FÍSICAS

Volvemos al trabajo. Comienza el segundo semestre

¿Por qué Stanislavski "necesita" buscar a esa altura de su vida un nuevo método de trabajo? Quizás la obra y la crítica de sus alumnos predilectos —Meyerhold, Vahtangov— hayan influido en él para hacerle revisara algunos de sus planteos. Quizás sus lecturas de nuevas actitudes psicológicas como las de Pavlov y sus reflejos condicionados, le hayan iluminado la senda como antes, para su primer método, lo había hecho la "memoria afectiva" del francés Ribot.

El progreso de los estudios psicológicos, desde el año 1938, año de la muerte de Stanislavski, hasta ahora, no ha hecho más que confirmar la certeza del camino seguido por Stanislavski en su actividad de genial empirista. Los caminos por él señalados coinciden con las orientaciones más modernas de la psicología y nos permiten quizás explicitar mejor y más científicamente lo que para Stanislavski constituyeran afirmaciones aventuradas

Stanislavski no utilizaba el término "improvisación" sino el de "estudio". Hemos traducido el uno por el otro dada la identidad del contenido al que se refieren.

"Un sentimiento de vida real en el arte y en el papel". El manuscrito de Stanislavski que aquí reproducimos, data de 1936. Pertenece al libro "El trabajo de un actor con el papel (rol)", que el gran director de escena y pedagogo ruso, había pensado escribir. Lamentablemente nunca fue terminado. La muerte interrumpió el trabajo concreto de investigación, que tenía como meta renovar continuamente al "sistema" y desarrollarlo. Estas anotaciones, testimonian el interés de Stanislavski, durante los últimos años de su vida, para fijar una metodología de trabajo sobre un acercamiento orgánico hacia el papel.


Ud. entra, lleno de un pensamiento, con una meta, una intención. No está vacío, como lo hizo recién. "In natura", Ud. atraviesa todos los estados de una forma orgánica de como actuar. Por ejemplo, entra como un actor entra a una escena. Pero lo que yo necesito es una persona que entra en una habitación. En la vida real, encontramos otros estímulos para actuar-Trate de buscarlos allí, en la escena. Si entra por algún motivo, y no tiene nada mejor que hacer que lo que hizo Jlestakov, trate de que tal acción, sea el resultado de sus propios sentidos. Una entrada convencional, teatral, evita esto, y provoca un sentido completamente opuesto, externo, teatral, artificial. Ud. se comportó teatralmente en la escena, recién. Se desenvolvió "corrientemente". Por ello no se halló ninguna lógica, ninguna consecuencia en sus actos. Pasó por alto una serie de conocimientos necesarios.

Cuando por ejemplo, en la vida, entra a un lugar, primeramente se orientará respecto a lo que sucede allí, y sobre cuál será su actitud. Pero cuando Ud. entró, ni siquiera miró hacia la cama donde estaba Osip. Exclamó simplemente: "¿Te has tirado sobre la cama otra vez?" Y además golpeó con las puertas como se suele hacer en los teatros con decorado de telas. Ud. no recordó el peso del objeto y no lo sabía.

Todas estas pequeñeces, requieren cierta atención y cierto tiempo. Si no es así, nadie cree en la verdad, no la sienten, no la reconocen, o sea que no creen en la verdadera existencia de lo que Ud. hace. Cuando Ud., en prácticamente un año se haya ocupado principalmente en las acciones sin más requisitos, tendrá que avergonzarse ante tantos errores como los que acaba de cometer.

Si Ud. se va a guiar por órdenes impartidas desde los libros no podrá llevar a cabo el trabajo que se ha propuesto. Si Ud. ciega y completamente se subordina al autor, si tiene demasiada confianza en él, Ud. repetirá las palabras del texto formalmente y creará una persona extraña con actitudes extrañas, en lugar de crear su propio personaje análogo al del autor.

Por esta razón para empezar yo no doy ningún texto o papel a los actores y tampoco utilizarán estos elementos en sus hogares, pues ello arruinaría todo mi trabajo.

Esto significa que Ud. ha adquirido su propio punto de vista, ha transferido la situación a Ud. mismo, y siente lo que sienten los personajes que actúan en las condiciones que ha descripto Gogol. Es muy importante. Es excelente. Nunca debe penetrar a un papel por la fuerza. Siempre debe hacerlo sin ninguna presión. Ud. mismo debe elegir y presentar la situación real, por simple que sea, como la sienta de entrada. Esto también lo hará hoy. El resultado es que Ud. comenzará a sentir su papel. Así podrá avanzar en el tema y se acercará al estado de ánimo en el cual siente el papel "en Ud. mismo".

Comience, por lo tanto, a relatar lo que hubiera hecho ante este caso en la vida real, hoy, en este momento si se hubiera hallado frente a la situación en laque lo ha colocado Gogol. Posiblemente, Ud. no se hubiera reducido a morir de hambre en el lugar desagradable a donde ha ido a parar.

—Cuando Ud. ha comprendido la lógica y consecuencia, cuando ha sentido la verdad de las acciones físicas y las ha creído, y ha sentido lo que sucede en la escena, a Ud. no le resultará difícil repetirlo bajo las distintas condiciones dadas que describe la obra y que Ud.- mismo se imagina y rellena con su fantasía. ¿Qué habría hecho Ud. ahora, hoy, en la imaginaria habitación de la posada, si hubiera regresado después de una expedición infructuosa por el pueblo? Bien, comience. Pero no interprete, haga todo con sencillez, decida simplemente y determine con veracidad y cuente. Es esto lo que despierta en Ud. la necesidad interior de actuar.

— ¿Pero por qué no está permitido actuar? Ello me resulta más fácil. —Naturalmente. Actuar de acuerdo con un esquema siempre es más fácil que actuar con naturalidad. —Yo no hablo de esquemas. —Mientras tanto puede hablar de ello. Los esquemas siempre están a mano. Pero la actitud verdadera, motivada, que viene de adentro, hay que conseguirla incitándola, no lo olvide.

Cuando está ocupado con una acción física no tiene que ocuparse de su vida interior; la ayuda de la naturaleza es la conducción recta que nadie impone por la fuerza. En tal caso el actor conserva su independencia, mientras que fuerzas subyacentes le dan libertad de acción y lo llevan hacia el trabajo creador. En otras palabras: concentre todas sus fuerzas en crear "la vida del cuerpo humano", de esta manera le da plena libertad a su naturaleza y esta naturaleza, independientemente de su conciencia, lo ayudará a liberarse, a dar vida y a motivar los actos físicos.

Cuando Ud., no solo mentalmente, se imagina sus actos en relación con el papel y las circunstancias que se prevén en la obra, sino que también los realiza
físicamente, entonces sentirá y comprenderá la verdad viviente del personaje interpretado. Comprenda, no únicamente con su sentido común, sino que debe experimentar, comprender con su organismo

El alma de los personajes está compuesta de: el alma del actor viviente, de sus deseos humanos, sus objetivos y sus esperanzas. Solamente de este trabajo creador surge una figura escénica que vive en la escena con rasgos individuales. Una interpretación así solamente es posible para un actor que crea su propio personaje.

Mi objetivo es obligarlos a todos a: partiendo de ustedes mismos crear una persona con vida. El material para su alma no se debe extraer de afuera, sino de uno mismo, de las propias emociones, y de los propios recuerdos, de lo que ha vivido en la realidad, de sus deseos y de los "elementos" internos del personaje representado.

No hablo de los actores que construyen la partitura de su papel en base a trucos simples y trucos artísticos. Yo hablo de actores serios y creadores.


http://es.scribd.com/doc/46966383/El-metodo-de-las-acciones-fisicas-Stanislavski


Acciones Físicas según Raúl Serrano

¿Qué, cómo y para qué se improvisa en el Método de las Acciones Físicas?
La improvisación es la forma de conocimiento del actor. En primer lugar, es fundamental liberar al juego de la improvisación de toda carga psicológica. Dado que las condiciones de la escena son imposibles de equiparar con las de la vida, porque la situación dramática no tiene ni antecedentes ni consecuencias reales, es inútil intentar reproducir aquello que motiva la conducta real. Es decir, aún cuando en la vida cotidiana la emoción puede provocar conductas, en la escena esto no es posible porque las causas y consecuencias de lo que sucede son ficticias. Sin embargo, hay en la escena cosas que sí son reales, como el propio cuerpo y el cuerpo del compañero (cabe destacar que la voz es considerada como parte de la corporalidad). El actor debe aferrarse a ello.

Por lo tanto, la única exigencia en la improvisación es la de atender a la interacción entre estos elementos tangibles, al intercambio de estímulos reales con el otro, dado que esto produce en el actor respuestas orgánicas. Por ejemplo, si en una escena dos personajes quieren obtener una manzana que está sobre una mesa, el camino tomado por el Método sería el de rememorar sensorialmente el hambre y las cualidades de la manzana, para producir una emoción que lleve al sujeto a desearla. En el Método de las Acciones Físicas ambos actores intentarán llegar a la manzana, y cada acción de uno de ellos por acercarse, producirá la reacción del otro por evitarlo, y viceversa. Las respuestas de cada actor ya no serán racionales ni voluntarias, sino emocionales. La emoción no surge de la evocación sino de la interacción conflictiva, tal como sucede en el deporte o en el juego. Dicha interacción compromete al sujeto tanto psíquica como físicamente, sin necesidad de sustraerse mentalmente de la situación. Y, más aún, gracias a que no se sustrae de la situación.

De esta manera, el motor de la actuación es ubicado en el futuro y no en el pasado. El actor trabaja a partir del "para qué" y no del "por qué" realiza una acción. Serrano indica que ni las conductas ni las emociones pueden ser pensadas previamente y luego puestas en práctica. Surgen de la práctica misma. Por lo tanto, destierra el famoso "trabajo de mesa", por el cual el texto se analiza antes de ponerlo en acción, dado que esto lleva al análisis de "lo que se dice", siempre más pobre que la experiencia y conduce a la introversión del actor, al llenar su cabeza de ideas. Considera que es imposible determinar a priori cuáles serán las emociones del personaje en las condiciones dadas.

En principio, por la indeterminación de la situación antes de que se produzca. Y por otro lado, porque la emoción no está contenida en la palabra que la designa. Así, la definición previa del personaje, generalmente verbal, propuesta por otras técnicas realistas, se convierte en una armadura que el actor formula una vez y luego debe llevar para siempre.

La necesidad de invalidar la hegemonía de lo discursivo es una de las razones por las que la improvisación se encara con el texto sabido de antemano. Así, el actor se despreocupa de improvisar palabras. La improvisación se despega de lo verbal para pasar a lo físico. El objetivo de la improvisación es transformar un hecho relatado en palabras (tal como se halla en la obra dramática), en una situación conflictiva concreta a la que hay que atender. El texto provee una estructura dramática que rige la improvisación y las réplicas constituyen el límite del juego. El actor debe lograr el compromiso corporal con dicha estructura.

La Estructura Dramática

Los elementos que constituyen la Estructura Dramática son: el Conflicto, el Entorno, el Sujeto, las Acciones Físicas y el Texto.

Serrano afirma que la noción de Conflicto no está lo suficientemente considerada por Stanislavski. El conflicto es una fuerza real, que se ejerce o se reprime, contra aquello que se le opone. Serrano estima que en toda escena hay un choque de dos o más fuerzas.

 El trabajo del actor es situar estas fuerzas en su cuerpo. La premisa es trabajar a partir de qué quiere y qué se le opone al personaje. Ahora bien, estas tendencias no deben ser puramente intelectuales o abstractas, sino que deben ser deseos simples y concretos. Es por ello que se abordan a partir de la animalidad. ¿Qué puede querer un animal? Comer, cazar, aparearse, matar, huir. Aun más concretamente, atraer o incorporar / expeler o evadir.

El actor debe asumir un deseo con estas características básicas. Se define como "animal" porque es algo sencillo y corporal, no intelectual. No se busca la causa de lo que ocurre, sino atacar a lo que se opone a la concreción de ese deseo. Por lo tanto la acción es, más que nada, una reacción y esto es lo que crea presente y presencia.

El Método de las Acciones Físicas distingue tres tipos de conflicto: del personaje con el entorno, con el otro (que es el más común) y consigo mismo. Esta última variante es la que siempre e indefectiblemente está presente y se denomina Preconflicto.

¿Por qué está siempre presente? Porque aquellos "quieros" animales generalmente se hallan reprimidos, dado que los condicionamientos sociales no permiten que el sujeto los concrete. Por lo tanto, el sujeto observará que aquello que se le opone no está ubicado en una instancia externa, sino dentro de sí mismo. Por ejemplo, si asume el querer matar a otro personaje, se dará cuenta de que no puede hacerlo, principalmente porque el texto no lo indica. Pero no lo indica porque el personaje teme ser castigado, o porque siente culpa, o porque no se atreve, o porque teme que el otro sea más fuerte, etc. Habrá que indagar en el texto para decidir cuáles son las Condiciones Dadas (ver más adelante) que limitan la conducta del personaje. Entonces el sujeto asumirá que quiere hacer algo, pero que él mismo se censura para no hacerlo. De hecho, lo más frecuente en escena es la acción física reprimida.

El lector puede haber pensado con razón, al leer nuestro ejemplo de la manzana, que una escena así abordada conduciría inevitablemente a una especie de sesión de lucha libre. Sería muy sencilla de actuar, pero también muy pobre. Sin embargo, si cada personaje asume que quiere la manzana pero que no puede simplemente deshacerse de su contrincante para obtenerla, matándolo o desmayándolo de un golpe, todo se complica. El Preconflicto es la base de la "represión como forma de la acción" y constituye una amenaza latente que gobierna el tratamiento de los conflictos con el entorno y con el otro.

El Entorno es la suma del lugar en el que se desarrolla la escena y las condiciones dadas. Es decir, todo aquello que ha sucedido antes y fuera de la situación dramática y que incide sobre ella: "Dado que" se presentan estas condiciones, "yo, el personaje, quiero hacer esto". Las condiciones dadas funcionan como límites para las conductas.

 En este punto, Serrano recurre a la equiparación con el juego, ya que en el mismo, se asume una entrega psicofísica al tiempo (y gracias a que) se respetan reglas establecidas artificialmente. No es en el pasado irrecuperable donde se sitúan los condicionamientos a las conductas, sino que éstos son producidos por el propio accionar. Así, todo aquello que ocupaba horas y horas de ejercicios en la formación del alumno, pasa entonces a formar parte de las reglas de juego.

El alumno no debe entrenarse durante años para recrear una sensación sino que, dando por sentado que está experimentando dicha sensación (de la misma manera que el jugador de fútbol asume que tiene un impedimento en sus manos para tocar la pelota), debe actuar en consecuencia.

Por ejemplo, si su personaje siente un dolor agudo, el actor no debe recrear la sensación de dolor para actuar, sino que debe comenzar a accionar como lo haría si sintiera un dolor agudo. "¿Y cómo actúa una persona que siente un dolor agudo?", pensará el lector. No podemos saberlo de antemano. Hágalo y después vemos si es creíble, si no es creíble, si es mucho, si es poco, etc.

Partir de la evocación racional para actuar, es como si el jugador se enterara de que el reglamento del fútbol le impide tocar la pelota con la mano y entonces, antes de un partido, planificara cada movimiento que va a realizar prescindiendo de sus manos. En realidad, racionalmente conoce que no va a poder tocar la pelota con la mano y sale a jugar. Pero a partir de allí, todos sus movimientos estarán regidos exclusivamente por lo que suceda en el partido, es decir, por el comportamiento de los rivales, por la posición de la pelota, por la situación de cada jugada. A pesar de ello, su cuerpo nunca, nunca, nunca, olvida que no puede tocar la pelota con la mano. Al punto que, si la toca, generalmente lo hace a propósito y siempre trata de esconderlo.
El Sujeto de la estructura dramática está pensado a partir de la corporalidad (donde ya mencionamos que se incluye la voz) y la acción. El actor piensa con el cuerpo.

Toda actuación, aún una conversación realista, debe plantearse desde el cuerpo. La utilización activa del mismo funciona aún en la inmovilidad, donde cobra todo su vigor la sentencia "represión como forma de la acción".

Lejos de la racionalización (emparentada con la concentración y la evocación), el sujeto conoce haciendo y hace conociendo y, en la medida que acciona, se transforma a sí mismo en actor y en personaje. Se trata de un proceso en el que el pensamiento no precede a la acción. El actor asume los conflictos y las condiciones dadas del personaje y a partir de allí actúa "en nombre propio". Se convierte en el personaje al accionar como éste. No obtiene los contenidos psíquicos por introspección, sino mediante el compromiso del propio cuerpo en la acción.

Las Acciones Físicas son aquello que integra y da vida a las distintas partes de la Estructura. Es el lugar en el que se articula lo psíquico y lo físico. La concentración es la consecuencia y no la causa del trabajo del actor, por lo que no debe comenzarse por ella. Lo mismo sucede con la tensión muscular. La relajación no puede plantearse en abstracto, sino que es variable, depende de lo que la situación exige y se logra cuando el cuerpo se conecta con el objetivo a transformar. La acción debe tener un "para qué", por lo que no todo movimiento es una acción y aún la ausencia de movimiento puede ser activa.

Por último, el texto es la premisa y la consecuencia del trabajo. Constituye el punto de partida y de llegada de la actuación. Es incluido en la improvisación desde el principio, tal como hemos señalado. Cabe destacar que el tratamiento del texto desde el cuerpo, tal como lo propone Serrano, implica la explotación de todas las posibilidades plásticas de la voz, tanto en su sonoridad como en su articulación, por lo que estimula, por ejemplo, el entrenamiento imitando acentos extranjeros y la pronunciación de discursos poéticos, ampliando así la capacidad de registro del actor.

Mirada final

El Método de las Acciones Físicas busca que el alumno asuma la actuación como proceso y acepte el no saber como principio, para descartar así la planificación racional, su principal enemigo. Por eso estima que no pueden mezclarse los momentos de improvisación (propio de la identificación con el personaje) con aquellos regidos por la mirada exterior (propia de la caracterización). Ambas se terminarán fundiendo en el personaje, pero no pueden encararse al mismo tiempo. Esto puede resultar polémico, dado que aspectos de la caracterización física pueden ser pensados como "condiciones dadas" según esta misma teoría. Por ejemplo, si el personaje es rengo o está borracho, las características físicas propias de estas condiciones podrían ser incorporadas como "dado que soy rengo, o dado que estoy borracho, hago tal cosa..." De hecho, muchas técnicas que se apoyan en el uso del cuerpo, como el clown, por ejemplo, trabajan con la caracterización física como punto de partida.

Otra crítica que se le podría esgrimir, es que la idea de conflicto es desestimada por las nuevas dramaturgias. Sin embargo, no siempre lo que le sirve a la dramaturgia o a la puesta pensada en su conjunto, coincide con lo que le sirve al actor, en términos técnicos y metodológicos.

Muchas obras actuales que no pueden ser consideradas realistas, manejan, sin embargo, un código de actuación vivenciada o conflictiva, y viceversa. Por ejemplo, aquella empleada por quienes se conocen como dramaturgos del ‘90: Javier Daulte, Alejandro Tantanián y el propio Daniel Veronese (lo que se observa sobre todo en sus últimas puestas chejovianas, en las que incluye actores formados en el realismo, como Osmar Núñez, Claudio Tolcachir o Luciano Suardi). Es una posición totalizadora, promovida desde la dramaturgia y la dirección, considerar que la estética o modalidad de trabajo de la que se que sirven, gobierna también la tarea del actor.

Uno de los aspectos más positivos del Método de las Acciones Físicas es su posibilidad de aplicación a estéticas no realistas. Serrano promueve la separación de la pedagogía de la prescripción de una poética particular, abarcando la mayor cantidad de estéticas posibles y no sólo aquella a la cual se adscribe.

Aunque la formación del alumno recae inicialmente en el realismo, también se experimentan otras tendencias. Por ejemplo, una estética tan difícil como el grotesco criollo, que requiere caracterización física, manejo de la voz en la imitación de acentos extranjeros y una compleja composición interior, mixtura imposible de obtener por medios introspectivos. Esto se logra merced a que, pese al gran arsenal teórico que lo avala, la aplicación práctica de la propuesta de Serrano le plantea al actor unas pocas consignas de gran simpleza. De hecho, la mayor dificultad que presentan los alumnos que se inician en esta pedagogía es la de abandonar concepciones previas y dejar de pensar, para sólo entregarse a la acción.

Dado que no propone un pensamiento paralizante, el Método de las Acciones Físicas es un buen complemento para pedagogías que desarrollan la actuación exclusivamente a partir del cuerpo, ya que brinda herramientas para la caracterización interior, altamente recomendables para dinamizar las performances de actores muy formados en técnicas corporales, pero cuyas actuaciones muchas veces parecen vacías o inexpresivas. Y también es aconsejable para alumnos principiantes.

La situación actual del Método de las Acciones Físicas presenta características propias de varios fenómenos argentinos. Muchos son los alumnos que han pasado y pasan por el mismo. Personalmente, me consta que muchos actores de televisión lo han hecho y han logrado dejar de ser "de madera" para realizar buenas actuaciones, abandonando su categoría de "galancitos" y realizando auténticas composiciones. Aun con estos y otros logros, y a pesar del reconocimiento público que siempre acompaña al nombre de Raúl Serrano, su teoría no ha alcanzado la fama ni las luces de su par strasbergiano. Probablemente esto se deba a la incapacidad de lobby de su creador o a la ausencia de una actitud de auto homenaje permanente (coincidente con su postura ideológica). O quizá tenga más que ver con esa tendencia tan argentina de rendirle tributo público a productos foráneos (aun a los teórico/técnicos), que sin embargo no le reportan muchos beneficios. Lo cierto es que, tanto en el análisis teórico como en la puesta en práctica, el Método de las Acciones Físicas se sostiene firmemente frente al Método de Strasberg, y es lógico entender por qué Stanislavki evolucionó hacia él.

Bibliografía
AAVV, Osvaldo Pellettieri, dir., 2003. Historia del teatro argentino en Buenos Aires, Tomo IV, La segunda modernidad (1949- 1976), Buenos Aires: Galerna.
Serrano, Raúl, 2004. Nuevas Tesis sobre Stanislavski, Buenos Aires: Atuel.

domingo, 10 de julio de 2011

Como complemento a la entrada sobre el teatro de estados, dos citas

El actor representativo intencionadamente elige imitar o lustrar la conducta del personaje. El actor presentativo trata de revelar la conducta humana mediante el uso de su propia persona, gracias a la comprensión de sí mismo y por lo tanto a la comprensión del personaje al que retrata. El actor representativo descubre una forma basada en un resultado objetivo y la asigna al personaje, al que estudia atentamente mientras ejecuta aquella. El actor presentativo confía en que obtendrá una forma gracias a la identificación con el personaje y el descubrimiento de los actos del mismo, y trabaja en escena buscando una experiencia subjetiva que se desarrolla momento a momento.
Carlos Gandolfo

Yo admiro a un actor cuando se técnica es tan perfecta que se hace invisible y consigue que la audiencia sienta la presencia de un ser humano vivo con el que pueden identificarse en sus manías y sus preocupaciones a medida que éstas se van descubriendo en la obra. Creo fervientemente que cuando el público reconoce una proeza y se da cuenta de cómo se ha hecho, significa que el actor ha fracaso. No ha sabido utilizar bien la técnica. 
Uta Hagen

martes, 3 de mayo de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Eduardo Pavlovsky: sobre actuación

Cuando escribo una obra de teatro se torna representable en realidad el personaje escrito es pura representación. Cuando ensayo como actor exploro con mi cuerpo las diferentes velocidades y ritmos del personaje. Potencio fragmentos que descubro en la textura de la actuación.


Creo que este proceso de búsqueda “opaquiza” la transparencia que posee el personaje escrito. Le robo entonces transparencia, intencionalidad, linealidad. Mi cuerpo a través de algún accidente busca lo no representable, lo “otro” de la escena.

La búsqueda es para no quedar capturado en la dimensión de la representación pura, me sumerjo en la estética de la multiplicidad. El cuerpo registra otras potencias rítmicas que desconocía cuando escribí. 

Creo que cuando actúo – dice Pavlovsky- estoy experimentando, estoy escribiendo con mi cuerpo un texto de goce.

El lugar del actor es el descubrimiento del texto de goce. No del placer. Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda, hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector (espectador), la consistencia de sus valores y de sus recuerdos.

 El actor extrae el texto de goce de la representación del texto de placer. Para este trabajo hay que ser riguroso, nada se deja librado a la pura espontaneidad. Lo que surge en el escenario es un riguroso trabajo de experimentación.
Lo importante no es descubrir al personaje sino a sus diferentes devenires existenciales, arrancar del tiempo convención, del espacio convención, del tiempo homogéneo y el espacio homogéneo, el espacio y el tiempo como acontecimiento. Esto es el devenir.
Lo que en la multiplicación ocurre también es el robo de la transparencia de la explicación clara. 

martes, 29 de marzo de 2011

Mapa de estilos y clase

Entre el realismo y el drama

Con un pie en la farsa

Y los dos en el melodrama...

jueves, 24 de marzo de 2011

Maldita peluquera

Una de las peleas más absurdas que he visto en mi vida: Maldita peluquera.

Lo que veremos el sábado...

Una zona de riesgo y desafío

“Estado de ira”, de Ciro Zorzoli. Una muy interesante mirada satírica al teatro. Los trazos de la imperfección.

Si hay una crisis de lenguaje en el teatro alternativo, y si la ruptura se ha esquematizado hasta transformarse en un bien de familia, Estado de ira , lo nuevo de Ciro Zorzoli, contagia el hartazgo a dos puntas: por un lado, se mete con el modelo patricarcal; y por el otro, banaliza los arrebatos de tanta presencia autoral (a esta altura, otro tópico). El enojo de Ciro Zorzoli - para no repetir “ira ”- nos invita a preguntarnos quién puede, hoy día, conectar con determinados materiales. Es Ibsen, sí,pero... A Zorzoli le interesa poco la experiencia argumental. Lo que más le preocupa es el desarrollo, o cómo se llega a contar una historia.

La obra nos sitúa en una repartición municipal y nosotros, la platea, estamos en pleno ensayo. Es eso, el ensayo de Hedda Gabler , una de las piezas más exitosas de Ibsen. El trazo de la imperfección, una claridad incómoda en todo la sala y las apelaciones directas al espectador. La cuarta pared se cae a pedazos desde el minuto uno y la multiplicidad de acciones hace que siempre tengamos la impresión de estar perdiéndonos algo. 

Más en Clarín

“Estado de ira”, de Ciro Zorzoli. Con María I. Sancerni, Diego Velázquez, Paola Barrientos, Pablo Castronovo, Carlos Defeo y elenco. Jue. a dom. a las 21, en el Teatro Sarmiento.

El lenguaje es el verdadero tema...

“La verdad”, lo “real” aparece en los ensayos, con las personas concretas, en el tiempo concreto. Las experiencias metodológicas construidas con anterioridad a los espectáculos generalmente naufragan. Al menos es lo que me pasa a mí. Puede ser una incapacidad neurológica mía, una limitación. Hay que poseer una gran fuerza intelectual para asir y transferir a un mundo teórico fijo, las fuerzas que uno ha echado a andar. Para eso es necesario “reprimir”, para después fijar y repetir. Es cierto que el teatro es un arte de la repetición. Pero es en el ensayo donde se busca el “lenguaje”, donde la dirección y la actuación desarrollan sus voluntades poéticas. Durante ese tiempo, la exploración produce no sólo conjuntos de palabras o enunciados sino energías, potencias, situaciones, intensidades que van constituir el lenguaje. Y será el lenguaje, en definitiva, el verdadero tema. Hay textualidades dinámicas, porosas, provocadoras, tentadoras de su materialización en la escena. Y hay también una dramaturgia rígida, que sólo permite representación. Las convenciones, las ideas, los conceptos sólo conducen a la representación. 
Ricardo Bartís

Acorralada PELEA:malas

Aporte de Marcelo Pons: malas, malas.

lunes, 7 de marzo de 2011

Definición

vis cómica (expresión latina sacada de un epigrama de César que quiere decir literalmente "fuerza cómica") f. Aptitud o habilidad, por ejemplo en un actor, para producir efectos cómicos, que hacen reír a la concurrencia.

martes, 1 de febrero de 2011

Divos y payasos por Alejandro Catalán

Divos y payasos
Tenemos en este momento la oportunidad de ver dos excelentes actuaciones. Una es la de Julio Chávez en el programa semanal “Tratame bien” y otra es la de Luis Machín en la obra “La Pesca”. Son actuaciones que hacen hablar de actuación: “¿Viste lo que hace Chávez?” “¿Viste como está Machín?”. El trabajo de estos actores parece darle un sentido a nuestra expectación de la obra y el programa de TV que podemos suponer no tendría si ellos no estuvieran haciendo lo que hacen.


... Me refiero a “condición subjetiva” porque intento señalar algo que hace a la personalidad actoral, al posicionamiento desde el que asume y produce el despliegue actoral. En este sentido, ambos actores nos permiten observar, dos rasgos heterogéneos y a la vez conjugados en su funcionamiento expresivo. Llamaremos a un rasgo “divo” y al otro “payaso”. Ambos nombres nos servirán para señalar dos modos en los que la actuación produce su sentido de estar, más allá y por encima de cualquier otro sentido que deba portar, encarnar, interpretar, opinar, romper, etc.

¿Qué es un “divo”?

Un “divo” es un actor capaz de asumir el contacto de su imagen con el público como el fenómeno principal. Dimensionemos bien esto: decimos “capaz” porque atribuirle una importancia “principal” al contacto de la propia imagen con el publico (o cámara), no es algo que todos lo actores puedan ni vislumbren posible. Que una actuación logre su organización principal por el apoderamiento de los sentidos del público, y no por lo que puede hacer a partir de lo que entiende posible desde el texto, personaje o técnica, no es algo habitual. Un divo se organiza principalmente en función de la atracción de ojos y oídos que tiene adelante; el resto de lo actores se organizan por lo que los sostiene de “atrás”, esto es: lo analizado, sabido, planificado o esperable como signos a producir. Ser un divo es relegar a un segundo lugar condiciones tales como el texto, el director, la técnica y la ideología, que suelen postularse y asumirse como siendo ellas las que proveen el fenómeno que alberga y da sentido al actor. El “divo”, por lo que dijimos, es un traidor involuntario de trascendencias, valores escénicos y cinematográficos. En su cuerpo, las condiciones que antes mencionamos, se convierten en componentes expresivos con los que variar y matizar una imagen que volverá al contacto encantador de los sentidos de su público. La imagen del divo es una fenómeno muy potente que, si bien se reconfigura (no siempre) respecto de la obra puntual en la que se implica, impone también, un amoldamiento de los otros rubros implicados en esa obra, película o programa, a las posibilidades singulares que su imagen despliega.
Un divo es un actor con una gran conciencia de su imagen y sus registros convenientes.
Claro que los divos no son necesariamente actores notables. Un divo puede ser una imagen poderosa en belleza, exotismo, personalidad, intensidad, rareza etc. afirmada en un gran narcisismo pero sin una gran capacidad de despliegue. El “divo” solo logra ser un “dios” capaz de producir el milagro de la existencia, cuando además de un narcisista incuantificable es en la misma medida un “payaso”.

¿Qué es un “payaso”?

Un payaso es un actor que es capaz de asumir el contacto del juego de su imagen con el público como el fenómeno principal. Resalto “juego” porque esta palabra abre otra lógica en una definición que, como en la anterior del “divo”, repite la cualidad decisiva del contacto sin intermediaciones.
El “payaso” a diferencia de otras figuras que intentan fundamentar la lógica actoral (el “santo” el “tribuno”, el “atleta”, etc.) pone el fundamento de la actuación en su autonomía. El payaso es el cuerpo que adquiere sentido escénico por sus propias maniobras. Las maniobras del payaso de circo son las de un ser que fracasa en lo que intenta haciéndose un mal a sí mismo u a otro. Chávez y Machín al igual que otros divos que además son actores notables, tiene del payaso la capacidad de encontrar en su expresión estos juegos pero al nivel de la subjetividad del ser que están inventando. En su imagen hacen perceptible de diferentes maneras el siguiente juego: el fracaso de lo que ese ser quiere mostrar de sí, al no poder ocultar lo que le pasa, sin registrar hasta que punto está quedando expuesto. Esta maniobra implica que el actor actúa la lucha entre lo que ese ser quiere contener y mostrar pero además algo que lo excede y solo adquiere sentido porque hay un público que lo percibe. Este quilombo subjetivo es una obra dentro de la obra; un contacto directo y actual con el público. Producir con la actuación la pulseada que hay en la subjetividad y a la vez lo que a esa subjetividad se le está escapando es “la maniobra”, la consumación de la unión de la tragedia y la comedia, el humor más alto y el patetismo más humano. Es crear existencia. Porque el payaso, como rasgo dinámico específico, hace de la actuación un juego que se manifiesta en la estimación y captura de lo que acontece en la pura actualidad del contacto con el público o la cámara. El “payaso” es un productor de actualidad, de presente. El público encuentra en la operatoria que proporciona su cuerpo el sentido de presenciar, de testificar el acontecer de lo irrepetible. Este maniobrar ofrece operaciones expresivas que si no ocurrieran, todo podría seguir con eficacia y entendimiento, pero al suceder y nosotros percibirlo, ese cuerpo se nos brinda como una entrada a la dimensión humana y precaria que implica estar viviendo ahora, allí eso que se cuenta. Nos permite creer que alguien está allí decidiendo en la incertidumbre de la punta de su vida un devenir que sabemos fijado.

Pero de la misma manera que con los “divos”, no todos los “payasos” son grandes actores. Un actor “payaso” puede ser un buen humorista con mucho despliegue histriónico pero con poca capacidad de administración y mesura en el manejo de una imagen vivida con gran inseguridad y desprecio.

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Ninguna actuación logra descollar si no contó con una mirada que le funcione como aporte configurante de su despliegue. Aclaremos que ninguna mirada puede preveer lo que se manifiesta como una secuencia bien actuada; pero ningún actor, por más capacidad de registro que tenga, se va a ver como lo puede ver una mirada que sabe mirar, además del estimulo y tranquilidad incuantificable que eso puede proveer. El dispositivo actoral creador tiene dos términos. Esto es una verdad triste porque no es lo que suele suceder. Los actores se arreglan solos y hacen lo que pueden solos, cosa que entraña el límite de hacer lo que ya conozco, siendo ya quizás poco, en las condiciones que se ejerce la actuación, lo que pude conocer de mis despliegues posibles antes de cristalizarme en alguna eficacia. La actuación, habitualmente, se convierte en una apuesta con un grado de incertidumbre insoportable que se convalidará o no, frente al público. Ningún proceso. Ningún arte.
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sábado, 29 de enero de 2011

lunes, 3 de enero de 2011

Ricardo Bartis: la actuación, esa cosa atorranta

Con qué cosas deberían romper las nuevas generaciones para empezar a generar, entonces, mirada propia?
No creo que haya que romper con nada para que vuelvan a suceder cosas: tardará más o menos, pero va a pasar porque la gente quiere actuar. Y la voluntad de actuación va a generar lenguaje. Porque la actuación, si es sensible y poética, no quiere componer, no quiere hacer personajes psicológicamente reconocibles: quiere excederse, tiene ansia de exceso. La actuación se ríe de todas estas disquisiciones tan intelectuales. Se ríe, porque es más atorranta. Y va a generar nuevos espacios, nuevas agrupaciones, nuevas formas de agruparse. Pero se debe recuperar cierto apasionamiento y el espíritu amateur, el juntarse por necesidad; ser lo suficientemente resentido como para decir “juntémonos nosotros, que somos los del grupito del fondo, y hagamos lo nuestro”. Para no repetir lo que pasó en los ’90: nos la creímos mucho. Creímos que jugábamos muy bien y que la escena de Buenos Aires era una cosa antológica y que habíamos descubierto procedimientos que habíamos instalado una novedad, y que esa novedad hacía que todos los festivales del mundo vinieran a buscar y ver qué pasaba acá. Eso nos hizo mal. Nos hizo mal tanto festival, tanta expectativa, porque todo el mundo empezó a organizar sus carpetas, empezó a pensar en la prensa y todo el mundo empezó a decir más de lo que hacía. En la medida en que sigamos así, el teatro se va a configurar cada vez más como una especie de pasatiempo cultural, de entretenimiento culto. Hoy es muy poco probable ver espectáculos que te produzcan una conmoción religiosa, en el sentido de gran creencia que amplíe la cabeza, el corazón, el sexo. Es eso, sí: veo cada vez menos espectáculos que calienten.

http://funambulosnotas.blogspot.com/2010/04/huele-parricidio.html